El sombrero, la voz y un bar de Madrid
Había algo distinto. En 2008, cuando la radio española empezaba a parecerse demasiado a sí misma, apareció una canción que no parecía de este tiempo. Ni de esta década. Ni de este país, exactamente.
Venía del jazz. Del bolero. De Cuba, de Málaga, de una tarde de los años cincuenta que no había existido nunca pero que todo el mundo reconocía. Era Soñar contigo, y la cantaba un tipo de cuarenta años con sombrero y voz de otra galaxia.
Antonio Mellado Escalona — Zenet para todo el mundo — había nacido en el barrio de Pedregalejo, en Málaga, en 1967. En su casa sonaba de todo: Silvio Rodríguez, Atahualpa Yupanqui, Chavela Vargas… y también los Beatles. Y los Rolling Stones. Una mezcla que te marca para siempre o no te marca en absoluto.
Estudió arte dramático. Hizo teatro. Se fue a Madrid. Actuó en películas y series, interpretó a Picasso. Y todo ese tiempo, en paralelo, estaba construyendo algo que todavía no tenía nombre exacto.
La música de Zenet se fue cocinando a fuego lento en las jam sessions de un bar del centro de Madrid, el bar Plaza. Ahí fue perfilando lo que quería ser: un crooner andaluz. Algo que mezclara jazz con copla, son cubano con bolero. Una cosa que en España, en ese momento, no existía del todo.
El problema es que nadie quería pagar por eso.
Ahorros prestados y un estudio en La Latina
El productor artístico de Warner Juan Ibáñez creyó en él. Llamó a muchas puertas. Las discográficas las cerraron, una tras otra. Nadie ponía dinero en un tipo de cuarenta años que hacía una música que «supuestamente no era comercial». Esas fueron sus propias palabras.
Así que Zenet hizo algo bastante heroico, o bastante loco, o las dos cosas a la vez: financió el disco con sus propios ahorros — y con parte de los de su mujer — y con algo prestado. Grabó con el músico y productor neoyorquino Joshua Edelman en su estudio de la calle del Rosario, cerca de San Francisco el Grande. Con el letrista y poeta Javier Laguna escribiendo las canciones. Con la guitarra española de José Taboada y la percusión de Javier Viana.
Así nació Los mares de China.
Y ahí estaba ella. Soñar contigo. El single.
Déjame esta noche
La letra de Javier Laguna es de una sencillez indescriptible. Una sola palabra que se repite como una petición: déjame. Déjame soñar. Déjame imaginarme. Déjame creer que te vuelvo loca. Déjame esperarte aunque no vuelvas.
Es una canción sobre el deseo imposible. Sobre amar a alguien que no puedes tener, o que ya no está, o que quizá nunca estuvo del todo. Sobre la única libertad que te queda cuando todo lo demás se ha cerrado: la del sueño. La de imaginar esa noche que no va a ocurrir.
Y Zenet la canta como si la hubiera vivido de verdad.
La música es una mezcla de jazz ligero, bolero, algo de bossa… Una guitarra española, el piano, una percusión que respira despacio. No hay nada estruendoso ni impostado. Todo ocurre en un espacio íntimo, casi de madrugada, como si la canción solo quisiera sonar en un cuarto a oscuras con la ventana entreabierta.
Un disco que subió solo
Los mares de China no fue un éxito inmediato. Nada de lo que vale la pena suele serlo.
Salió en 2008 y tardó en arrancar. Fue subiendo en la lista de álbumes españoles despacio, casi sin que nadie lo empujara, como si la gente lo fuera descubriendo de uno en uno, pasándoselo de oído en oído. Llegó al número 21.
En 2009, Soñar contigo sonó en una promo estadounidense de Grey’s Anatomy. La serie de los médicos y los dramas y la música perfectamente elegida. Alguien en un despacho de Los Ángeles escuchó a un malagueño cantar «déjame esta noche soñar contigo» y pensó: sí, esto es lo que necesito para esta escena.
Y luego llegó el premio. Mejor Artista Revelación. Con cuarenta y tantos años. Con un primer disco. El tipo de historia que no pasa.
Pero pasó.
El perfume, la supermodelo y la ironía de la vida
En 2013, Soñar contigo se convirtió en la banda sonora del anuncio del perfume Aura de Loewe. Una de las firmas más elegantes del mundo. Un frasco de cristal. Linda Evangelista, la supermodelo más icónica de los noventa, mirando a cámara.
Imagínate. Una canción grabada en un estudio pequeño de La Latina, con ahorros y dinero prestado, por un actor malagueño que las discográficas habían rechazado… sonando en un anuncio de lujo de alcance internacional.
Hay poéticas que la vida escribe sola.
Aquí llega Amaia
Hay momentos en la televisión que se quedan grabados sin pedirte permiso.
Era enero de 2018. Gala 10 de Operación Triunfo 2017. Una chica navarra de pelo largo y voz de otro mundo salía al escenario. Se llamaba Amaia Romero. Y cantaba Soñar contigo.
Y algo pasó.
Amaia no imitó a Zenet. No intentó hacer lo mismo pero más pop. Hizo algo más interesante: se quedó con la esencia de la canción — esa vulnerabilidad, ese pedir permiso para soñar — y la cantó desde su propio lugar. Con su propio temblor. La actuación se considera una de sus mejores de todo el programa. Los que la vieron en directo lo recuerdan como ese momento en el que paras lo que estás haciendo y simplemente escuchas.
La versión también entró en el top 100 de ventas.
Lo de Amaia con esta canción fue un flechazo en tiempo real. Y demostró algo importante: que Soñar contigo no era solo la canción de Zenet. Era una canción que esperaba a que alguien más la necesitara.
Cuando Sílvia Pérez Cruz le dio la vuelta a todo
En 2021, Zenet publicó Zenetianos, un disco de duetos grabados en formato acústico y audiovisual. Solo guitarra española. Solo voz. Sin capas ni producción que lo envuelva todo. La idea era desnudar las canciones y dejar que la química entre los dos artistas hiciera el resto.
Para Soñar contigo llamó a Sílvia Pérez Cruz.
Es curioso lo que pasa cuando dos voces de ese tamaño se juntan en una canción pequeña. La canción no se hace más grande. Se hace más honda. Sílvia Pérez Cruz tiene esa capacidad — como tienen muy pocos — de meterse dentro de una frase y hacerte ver algo que no habías visto antes. En este dueto, la conversación entre las dos voces da la sensación de que el deseo ya no es solo de una persona. Es de las dos. Y, de alguna manera, también del que escucha.
Es una de esas versiones que coexisten con el original sin pisarlo. Cada una vive en su propio universo. Y las necesitas a las dos.
Y después de todo esto…
Hoy Soñar contigo tiene más de 22 millones de reproducciones en Spotify. Un número que a Zenet — el tipo que grabó el disco con dinero prestado cuando las discográficas le dijeron que no — le debe parecer todavía un poco irreal.
Pero los números no son lo importante.
Lo importante es que esta canción ha estado en los viajes de madrugada, en las despedidas, en los cuartos de hotel, en los coches con lluvia. La gente la ha cantado a oscuras. La ha escuchado y ha pensado en alguien. Siempre en alguien específico.
Eso es lo que hacen las canciones verdaderas.
No necesitan que las expliques. Solo necesitan que llegue esa noche. Esa noche concreta en la que tú también pides permiso para soñar.