Herencia en do menor
Pop

Herencia en do menor

◆   3 de abril de 2026  ·  Javier Ledo

Sin previo aviso. Sin el ruido habitual del marketing.

Between Two Points apareció en junio de 2024 como segundo single del álbum Luck and Strange, el primer disco de material nuevo que David Gilmour publicaba en nueve años. Nueve años. Para un guitarrista de su talla, eso es casi una eternidad… o quizás simplemente el tiempo que necesita alguien que no tiene nada que demostrar.

Pero lo más llamativo no era Gilmour. Era ella.

Romany. La hija.

Romany Gilmour, con 22 años en ese momento, canta la voz principal y toca el arpa en la canción. Y lo hace de una manera que descoloca. Porque no suena a «la hija de». Suena a algo propio, a una voz que todavía no sabe exactamente lo que es, y precisamente por eso resulta tan honesta.

La historia de la canción

Y aquí viene algo que me parece precioso. Between Two Points es en realidad una versión. El original lo grabaron The Montgolfier Brothers —un dúo británico formado por Mark Tramner y el fallecido Roger Quigley— en 1999. Una canción culto, de esas que mueven a poca gente pero a esa poca gente la mueven de verdad.

El cover

David Gilmour llevaba esa canción en su lista de reproducción desde que salió. Tiempo después la mencionó a un par de personas, convencido de que había sido un éxito. Nadie la conocía. Nadie. Eso dice mucho de ciertos tipos de belleza: invisible para las mayorías, indispensable para quien la encuentra.

Entonces tuvo la idea de pedirle a Romany que le diera una vuelta.

Y aquí viene la anécdota que más me gusta de toda esta historia. Romany estaba a medias de escribir un ensayo y con un tren que coger cuando le dijeron: «Venga, cántala una vez, pon el micro». Eso, según el propio David, es el noventa por ciento de la voz que escuchas en la grabación definitiva.

Así. Sin más preparación. Noventa por ciento de una toma de pasada, entre dos trenes. Hay algo en eso que ya te dice todo lo que necesitas saber sobre la voz de Romany.

El sonido. Lo que se escucha.

La canción es casi desnuda. El arpa, la percusión, las cuerdas pulsadas con sordina. Gilmour retrocede. Deja espacio. Y eso —viniendo de uno de los guitarristas más reconocibles del planeta— es un gesto enorme.

La melancolía tranquila que Romany captura aquí es difícil de encontrar en las versiones más convencionales. Hay una ternura aguda, casi inquietante, en cómo entrega cada frase. No fuerza nada. No dramatiza. Simplemente… la dice. Y eso la hace mucho más poderosa que si la hubiera cantado a pleno pulmón.

El director del videoclip, Gavin Elder, lo describió perfectamente: Romany interpreta la canción con un nivel extraordinario de fragilidad, vulnerabilidad y control contenido. Hay una conexión emocional sutil pero profunda entre David y Romany, capturada con cámaras en mano, que añade tensión al vídeo.

¿Quién es Romany Gilmour?

Nació el 21 de abril de 2002. Es la hija menor de David Gilmour y Polly Samson —escritora, novelista, letrista de gran parte del catálogo de Pink Floyd de los últimos treinta años—. Crecer en esa casa, con esa biblioteca musical y literaria, tiene que ser algo absolutamente fuera de lo normal.

De niña apareció en Downton Abbey y llegó a actuar con la big band de Jools Holland, lo cual tampoco es un detalle menor para alguien que entonces era casi una cría.

Su debut real en grabación fue en 2020, durante los confinamientos del COVID. David y la familia organizaron una serie de directos en Facebook bajo el nombre «Von Trapped Family» —un juego de palabras con los Von Trapp de Sonrisas y Lágrimas— donde leían, tocaban y respondían preguntas. Romany cantaba y tocaba el arpa. Y David se fue dando cuenta de algo.

«Estaba trabajando en Yes, I Have Ghosts justo cuando empezó el confinamiento y tuve que cancelar una sesión con coros —dijo Gilmour—. Pero la solución estaba aquí mismo. No puedo estar más contento con cómo se mezcla la voz de Romany con la mía, y su arpa ha sido otra revelación.»

El original

La proyección. Lo que viene.

Romany no es todavía una artista en solitario. No tiene discografía propia, ni giras, ni el peso público de un nombre independiente. Pero tiene algo que no se compra: una voz que ya suena a ella, y una manera de relacionarse con la música que no tiene prisa.

Lo que sí está claro es que Between Two Points ha llegado lejos. Para el Record Store Day de 2025 se publicó una edición especial en vinilo con la versión del álbum, una grabación en directo de los conciertos en el Royal Albert Hall de Londres, y dos nuevas versiones de Rob Gentry de estilo balear.

Eso no se hace con canciones que pasan sin pena ni gloria.

El propio Mark Tranmer, el autor original, lo resumió con una generosidad que me parece admirable: Como las mejores versiones, se aleja del original pero mantiene el espíritu. La forma en que Romany frasea las palabras de Roger Quigley y la manera en que toca el arpa son verdaderamente hermosas. Sigo encontrando increíble que David y Polly eligieran nuestra canción entre todas las canciones del mundo.

Hay algo en esta historia que me parece muy bonito. Un padre que lleva veinticinco años guardando una canción pequeña y desconocida porque le mueve algo por dentro. Una hija que la canta a medio hacer, con el abrigo puesto y el tren esperando. Y de esa casualidad, de esa falta absoluta de artificio, sale algo que va a durar bastante más que muchas producciones estudiadas al milímetro.

Eso también es música.

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