Una sola palabra para la canción perfecta
Hay canciones que llegan con esfuerzo. Se trabajan, se reescriben, se discuten en el estudio hasta que alguien dice «ya está» y todos asienten, agotados. Y luego hay canciones que simplemente aparecen. Como si ya existieran en algún lugar y solo esperaran que alguien las encontrara.
Así llegó Something.
Un piano, un estudio vacío y nada que perder
Era 1968. Los Beatles grababan el Álbum Blanco, esa criatura caótica y desbordante que iba a durar dos discos. Paul estaba en otra sala haciendo overdubs. John hacía lo suyo. Y George, el Beatle silencioso, el que siempre había vivido a la sombra de Lennon y McCartney, se sentó solo frente a un piano en un estudio vacío y empezó a tocar.
No tenía plan. Solo tiempo libre y, quizás, algo que decir que llevaba años esperando salir.
La melodía apareció casi entera. Lo que tardó más fue el puente, esa parte central que «necesitó un tiempo para cuadrar», como reconoció el propio Harrison. Y la primera línea… esa primera línea la tomó prestada casi sin darse cuenta de una canción de James Taylor, que por entonces grababa también en Apple Records. *Something in the way she moves.* Taylor lo había dicho primero. Harrison lo transformó en otra cosa.
Aunque la canción nació en 1968, no llegó al mundo hasta 1969, en el que sería el último álbum completo de los Beatles: *Abbey Road*. Harrison la grabó el día de su cumpleaños, el 25 de febrero, en formato demo, con guitarra y voz. Solo él. Y en esa versión desnuda ya se intuía todo.
La canción que casi se le regala a otro
Lo curioso es que Harrison dudó. Sintió que había llegado demasiado fácil, que quizás la melodía era de otro sitio, que tal vez no era suya del todo. Así que antes de que los Beatles la grabaran formalmente, se la ofreció a Joe Cocker.
Cocker la grabó. Y la publicó, de hecho… un mes después de que *Abbey Road* ya estuviera en las tiendas. Las ironías del mundo.
La grabación definitiva con los Beatles fue larga y cuidadosa. Treinta y seis tomas en algunos casos. Un coda improvisado que llegó a durar casi cinco minutos y que finalmente se descartó. Billy Preston al órgano Hammond. Y Lennon al piano, el mismo Lennon que después diría que *Something* era «la mejor canción del disco». Eso, viniendo de John, era casi un poema.
Para Pattie. O para Krishna. O para Ray Charles.
¿De quién habla la canción? Harrison respondió esto de maneras distintas a lo largo de su vida, y todas suenan verdaderas.
Pattie Boyd, su mujer, escribió en sus memorias que George le dijo «de manera tranquila, sin dramatismo, que la había escrito para ella». Y que era preciosa. Pattie sabía de canciones escritas para ella: Eric Clapton le dedicaría *Layla* poco después, devorado por un amor prohibido. Ser la musa de Harrison y de Clapton a la vez es algo que le pasó a muy poca gente en el siglo XX.
Pero Harrison también contó, en otro momento, que cuando escribía la canción pensaba en Krishna. Que toda canción de amor es también una canción a lo divino. Y en otra entrevista dijo simplemente: «Cuando la escribí, en mi cabeza la cantaba Ray Charles.»
Las tres versiones son compatibles. Las tres son George.
Hay algo en esa ambigüedad que hace la canción más grande. Porque *Something* no es una canción sobre una mujer concreta. Es una canción sobre el misterio de querer a alguien sin saber exactamente por qué. Esa cosa que atrae. Ese algo que no tiene nombre.
El día que Sinatra se equivocó de autor (y no importó)
La historia con Frank Sinatra es demasiado buena para no contarla.
Sinatra empezó a cantar *Something* en sus conciertos casi desde que salió el disco. La llamó «la mejor canción de amor de los últimos cincuenta años». Lo decía con esa autoridad suya, la misma con la que decía cualquier cosa. El problema es que durante años la presentó como una composición de Lennon y McCartney.
Paul McCartney lo resumió con gracia: «Sinatra solía introducir *Something* como su canción favorita de Lennon y McCartney. Gracias, Frank.»
Harrison lo tomó con filosofía. Al principio no estaba especialmente emocionado con que Sinatra la cantara, porque Sinatra era «la generación anterior». Pero con los años cambió de opinión. Se dio cuenta de algo: el verdadero signo de que una canción es buena es cuántas veces la versionan. Y *Something* se versionó más de ciento cincuenta veces antes de que acabaran los años setenta.
Solo *Yesterday* ha sido cubierta más veces en el catálogo de los Beatles.
Lo que hicieron otros con ella
Las versiones de «Something» son un recorrido por casi todos los géneros imaginables.
Shirley Bassey la grabó en 1970 después de verla cantar a Peggy Lee en el Ed Sullivan Show. La convirtió en un espectáculo. Dramática, operística, imposible de ignorar. Llegó al número cuatro en Reino Unido y se quedó veintidós semanas en las listas. Harrison quedó tan impresionado que escribió una canción pensando en ella para que la grabara. Nunca lo hizo.
James Brown hizo su versión en 1972 y la publicó como cara B. Harrison la escuchó y le mandó una postal que decía algo así como: «Deberías haberla puesto en la cara A. Es una pasada.» Brown tenía esa manera de hacerse dueño de cualquier canción. De meterle el cuerpo entero.
Elvis Presley la cantó en su especial de televisión *Aloha from Hawaii* en 1973. Ahí estaba Elvis, con su traje blanco de rhinestones, frente a millones de personas en todo el mundo, cantando una canción que había escrito el chico callado de Liverpool. Las cosas que tiene la música.
Joe Cocker, el que casi la estrenó antes que los propios Beatles, le puso esa voz suya arañada y urgente. Le dio algo más oscuro, más físico. Como si el amor del que habla la canción doliera un poco.
Y luego está McCartney, que en el concierto homenaje a Harrison en el Royal Albert Hall, en 2002, la tocó con el ukelele que George le había regalado. Imagínatelo. Un ukelele. Paul solo, en el escenario más grande que se pueda imaginar, tocando la canción de su compañero con ese instrumento pequeño y frágil. Fue uno de esos momentos que no se pueden explicar, solo sentir.
Lo que queda
Something llegó al número uno en Estados Unidos, ganó el Ivor Novello a la mejor canción de 1969 y fue nombrada la decimoséptima canción más interpretada del siglo XX por BMI, con cinco millones de actuaciones registradas.
Pero los números no explican nada de lo importante.
Lo importante es que George Harrison, el Beatle que durante años sintió que sus canciones no tenían sitio, que Lennon y McCartney se repartían el mundo y a él le dejaban los márgenes… ese George encontró un estudio vacío, se sentó al piano y escribió algo que iba a durar para siempre.
Hay canciones que envejecen. Y hay canciones que, con el tiempo, solo se vuelven más verdaderas.
Something es de las segundas.