El hombre que llegó con hambre y se comió la gloria
Hay canciones que nacen de la poesía. Y hay canciones que nacen del asfalto caliente de Copacabana, del estómago vacío y de un nordestino que no tenía nada… salvo el ingenio suficiente para convertir su desgracia en espectáculo.
«Pau de Arara» es eso. Un relato de supervivencia con carcajada incluida.
El camión que lo cambió todo
Antes de hablar de la canción, hay que hablar del camión. Porque el pau de arara —literalmente «palo de guacamayo»— no era solo un vehículo. Era la forma en que los nordestinos cruzaban cientos de kilómetros de Brasil, apiñados en la carrocería de un camión, sobre tablones estrechos, bajo el sol o la lluvia, como si fueran pollos camino al mercado. El nombre viene de los palos que se usan para transportar pájaros en el interior del país. Y la comparación, tan dura como exacta, decía todo lo que había que saber sobre la dignidad con que se trataba a esa gente.
En la década de los cincuenta y las que la rodean, miles de familias del Nordeste —empujadas por la sequía, el latifundio y el olvido del Estado— subían a esos camiones con lo poco que tenían y se lanzaban hacia el sur. Hacia São Paulo, hacia Rio, hacia lo que fuera que pudiera parecerse a una oportunidad.
Pues bien. Uno de esos hombres llegó a la playa de Copacabana con dos pantalones viejos y una guitarrita. Y decidió que si tenía que morirse de hambre, al menos lo haría bailando.
Vinícius, Carlos Lyra y un verano en Petrópolis
En 1962, Carlos Lyra se presentó ante Vinícius de Moraes con un puñado de melodías que necesitaban letra. Vinícius, para sorpresa de su socio, declaró que aquellas canciones iban perfectas juntas y deberían convertirse en un musical. Lo que siguió fue uno de esos veranos que uno imagina como eternos y luminosos: los dos trabajando codo con codo en la casa de Vinícius en Petrópolis, la misma ciudad serrana donde el poeta también había escrito las palabras de «Garota de Ipanema».
El resultado fue Pobre Menina Rica, un musical que contaba la historia de una solitaria chica rica que se enamora de un mendigo que vive junto a su casa. El papel protagonista estaba pensado para Nara Leão. Carlos Lyra, más pragmático, le preguntó a Vinícius que si no le parecía un poco inverosímil ese romance entre la niña rica y el mendigo. Y Vinícius, que era Vinícius, lo fulminó con una respuesta que resume toda su filosofía vital: «Es que este mendigo es muy simpático, arreglado, con su estilo… y además, era primavera, compañero. Primavera. ¿Entiendes?»
Hay que querer a ese hombre.
El tipo que comía cuchillas de afeitar
La canción estaba inspirada en un personaje real: un pobre nordestino que sobrevivía bailando xaxado en la playa de Copacabana, y que en un momento dado tuvo la idea más descabellada del mundo para mejorar sus ingresos… comer cuchillas de afeitar.
No es metáfora. El hombre se tragaba gilets. Y con eso, ganaba más que bailando.
Y la letra de Vinícius lo cuenta todo con una mezcla de ternura y comedia que te hace reír y encogerte al mismo tiempo. El personaje llega a Rio con nada, deambula por Copacabana, muere de hambre mientras ve a los demás comer, y acaba haciendo sus espectáculos de traganavajas en la playa. Al final, la canción termina como una resignación digna: «Vou-me embora pro meu Ceará / porque lá tenho un nome / aqui não sou nada, sou um Zé-com-Fome.» Me vuelvo a mi tierra porque allá tengo un nombre. Aquí no soy nadie.
Eso duele. Aunque te lo digan riéndose.
Ary Toledo, el hombre que le dio voz
Cuando el espectáculo se trasladó al Teatro de Bolso de Rio de Janeiro, varios actores fueron reemplazados. Entre los nuevos llegó Ary Toledo, un actor cómico de Bauru, São Paulo, que cantaba «Pau de Arara» en escena y que le pidió a Carlos Lyra permiso para grabarla.
Toledo se había mudado a São Paulo a los 22 años para empezar su carrera en el Teatro de Arena. Y su primera grabación en disco, en 1965, fue precisamente «Pau de Arara», la canción que lo lanzó como cantante.
El éxito fue tan grande que mucha gente llegó a creer que Ary Toledo era realmente «un mísero cearense». Así de bien la contaba. Así de verdadera sonaba. Esa es la señal de un intérprete que no actúa: que habita.
Ary Toledo siguió su carrera durante décadas, incluso durante la dictadura militar, cuando llegó a ser detenido por una piada que decía: «Quien no tiene perro, caza con gato, y quien no tiene gato, caza con acto»—una alusión directa al AI-5. Lo soltaron pronto. La popularidad, a veces, también protege.
Murió el 12 de octubre de 2024, en São Paulo, a los 87 años. Había escrito, según él mismo contaba, alrededor de sesenta mil chistes a lo largo de su vida.
Lo que la melodía lleva dentro
«Pau de Arara» tiene esa rareza de las canciones que son dos cosas al mismo tiempo. Es humor. Y es tragedia. Y cuando Ary Toledo la canta, no puedes separar una de la otra, porque están entrelazadas como están entrelazadas en la vida real la risa y el dolor de los que no tienen nada.
La melodía de Carlos Lyra es ligera, casi juguetona. Pero debajo de esa ligereza hay un peso que conoce cualquiera que haya tenido que irse de donde quería quedarse. Que haya llegado a una ciudad grande con dos pantalones viejos y el corazón apretado, intentando hacerse sitio mientras nadie le miraba.
El xaxado que baila el personaje —ese ritmo nordestino con los pies arrastrándose por el suelo— tiene su propia poética aquí. La letra dice que el personaje bailaba el xaxado para que las chicas miraran, pero «en el xaxado uno solo puede arrastrarse». Arrastrarse. Sobrevivir. Intentar volar con los pies pegados a la arena.
Vinícius lo entendía bien. Él siempre entendía bien las cosas del cuerpo y del alma.
Versiones que la han amado
La canción ha tenido versiones a lo largo de los años, aunque ninguna tan definitiva como la de Ary Toledo, que es casi inseparable de la letra.
Catulo de Paula la grabó en 1964 para el disco original del musical Pobre Menina Rica, antes incluso que Toledo, en la versión más teatral y fiel a la producción original, con los arranjos del maestro Radamés Gnattali. Es una interpretación más contenida, que respeta el espíritu de la pieza sin despegarse de ella.
El Coral Coralito, ya en tiempos más recientes, la incluyó en su espectáculo Pobre Menina Rica, uma Cantata, llevándola al lenguaje del canto coral con un arreglo de André Protásio. Escucharla en versión coral cambia completamente la experiencia: aquellas voces juntas convierten al personaje solitario en algo colectivo. De repente ya no es un hombre. Son todos los que viajaron en esos camiones.
Y eso es lo que ocurre con las canciones grandes. Que empiezan siendo una historia de alguien concreto. Y terminan siendo la historia de todos.
Un hombre llega a Copacabana con hambre y una guitarrita. Aprende a tragarse cuchillas. Al final decide volver a casa porque allá, al menos, tiene nombre.
La canción existe porque Vinícius y Carlos Lyra supieron ver que en esa historia había algo más que una anécdota. Y Ary Toledo la cantó como si la hubiera vivido.
Quizás eso es lo más difícil. No escribirla. Cantarla así.
Traducción al español
PAU DE ARARA (El tragagilets)
Carlos Lyra / Vinícius de Moraes — versión cantada por Ary Toledo
Un día, ya harto del hambre que tenía, yo no tenía nada, qué hambre que tenía, qué maldita sequía la de mi Ceará. Junté los cuatro trastos que yo tenía: dos pantalones viejos y una guitarrita, y en un pau de arara me vine para acá.
Y de noche me quedaba en la playa de Copacabana dando vueltas por la playa de Copacabana, bailando el xaxado para que las chicas me miraran. ¡Virgen Santa, que el hambre era tanta que ni voz me quedaba! ¡Dios mío, cuánta chica, qué hambre que tenía, más hambre que la que tenía en mi Ceará!
¡Vaya vida, que no había una vida peor que la mía, qué vida tan maldita, qué hambre que tenía dando vueltas por la playa de acá para allá!
Cuando veía a toda esa gente comiendo que comiendo… te juro que yo echaba de menos el hambre, el hambre que tenía en mi Ceará. Y entonces agarraba y cantaba y bailaba el xaxado, y solo podía porque en el xaxado uno no puede más que arrastrarse. ¡Virgen Santa, que el hambre era tanta que hasta parecía que aunque me arrastraba mi cuerpo subía, como si quisiera volar!
(parte hablada)
Hasta que un día, por la gracia de Dios, conocí a un compadre mío de allá por Quizeramubim que se ganaba bien la vida tragando cuchillas de afeitar en la playa de Copacabana. Y yo, pensando que no tenía nada que perder, probé con una… Con perdón, la devolví toda después, porque la comida ya venía estropeada… Pero mientras estuvo ahí dentro, quietecita… ¡Qué felicidad!
No, pero ahora las cosas van mejorando. Hay una señora muy buena por el Leblon a la que le encanta verme comer trozos de vidrio. ¡Eso sí que es bondad de la buena! Con esto ya he juntado algo de dinero. Cuando tenga un poquito más… me vuelvo. Vuelvo a mi Ceará.
Me voy a mi Ceará, porque allá tengo un nombre. Aquí no soy nadie, soy solo un Zé con hambre, soy solo un pau de arara, ni sé ya cantar. Voy a arrear mi mula, me voy antes de que todo reviente, porque me parece que el tiempo se está poniendo muy caliente, peor que antes no puede estar.
Nota para el artículo: la traducción intenta preservar el registro coloquial y oral del original — el «Virgen Santa», el «¡Dios mío!», los giros del habla popular nordestina. Algunas frases del monólogo hablado son aproximaciones al espíritu del texto, ya que Ary Toledo las improvisaba ligeramente en cada actuación.