Una canción para empezar. Chill Out (Sácalo)
Hay canciones que nacen a miles de kilómetros de donde acaban brillando. Chill Out (Sácalo) es una de esas. Para entender lo que hizo Javier Vargas en 1997, hay que retroceder un poco. Hay que ir a San Francisco, a los estudios de Russian Hill Recording, y ponerse al lado de un viejo gigante llamado John Lee Hooker.
En 1995, Hooker publicó el álbum Chill Out, producido junto a Roy Rogers y Carlos Santana, y grabado en San Francisco y Sausalito. El disco llegó al número 3 en las listas de blues americano y ganó un W. C. Handy Award, el premio más importante del género. La canción que abría el disco, Chill Out (Things Gonna Change), fue compuesta por el propio John Lee Hooker junto a Chester Thompson y Carlos Santana. Una pieza lenta, honda, cargada de esa paciencia que solo tiene quien ha vivido mucho. Hooker cantaba que las cosas iban a cambiar. Lo cantaba como quien lo sabe de verdad.
El mundo del blues tiene esa cosa curiosa: las canciones no son de nadie y son de todos. Pasan de mano en mano, de voz en voz, y en cada relevo se transforman un poco más.
De Memphis a Madrid, con flamenco en la maleta
En 1997, Javier Vargas grabó Gipsy Boogie de nuevo con el productor Jim Gaines, entre Madrid y Memphis. Era su quinto álbum. Un disco con mucho mundo dentro: en los estudios de Memphis participaron leyendas del blues y el soul como Chester Thompson, Lonnie Brooks, Larry McCray, Little Jimmy King y Larry Graham; en las sesiones de Madrid se sumaron Raimundo Amador, Carles Benavent, La Chonchi y el cantante cubano David Montes.
Ahí está la clave de todo.
Porque lo que hizo Vargas con Chill Out no fue simplemente versionarla. Fue reinventarla desde dentro. Raimundo Amador le dio al tema ese aroma a flamenco-blues tan característico de él, mientras que David Montes se encargó de interpretar la parte cantada con mucho sabor latino. El resultado fue algo que no existía antes. No era blues americano. No era flamenco. No era son cubano. Era todo eso junto, mezclado sin forzar nada, como si siempre hubiera tenido que sonar así.
Y el título cambió. De Things Gonna Change a Sácalo. De la resignación americana a la orden directa en español. Sácalo fuera. Sácalo ya. Que no se quede dentro pudriéndose.
Una letra que va al grano
Hay letras que te rodean con metáforas y hay letras que te hablan de frente. Esta es de las segundas. Aléjalo de ti. Ese extraño sentimiento. Dolor, dolor y resentimiento, andan ya sobrando aquí. No hay artificio. No hay ornamento innecesario. Solo esa claridad brutal que tiene el blues cuando dice las cosas como son.
La canción le dice al oyente algo que todos hemos necesitado escuchar alguna vez: que la ira, la desilusión, el rencor… no sirven para nada. Que hay que sacarlos fuera. Que basta con querer para empezar a ganar en la vida.
Simple. Directo. Y sin embargo te cala hasta los huesos si la escuchas en el momento justo.
Hay algo hipnótico en ese «sácalo, sácalo, sácalo» repetido como un conjuro. Como si la repetición misma tuviera el poder de soltar lo que estás cargando. El blues siempre ha sabido eso. Que algunas cosas necesitan decirse muchas veces antes de que el cuerpo las entienda.
La versión en directo: donde cobra vida de verdad
Chill Out (Sácalo) se convirtió pronto en uno de los temas indispensables de los conciertos de la Vargas Blues Band. Y no es difícil entender por qué. El álbum Gipsy Boogie fue nominado en los Premios Amigo, se editó en 24 países y la banda extendió sus giras a Francia, Italia, Alemania y Portugal. La canción viajó con ellos a todas partes.
En directo gana otra dimensión. La guitarra de Vargas tiene ese punto de diálogo flamenco que hace que cada improvisación suene diferente. Y cuando la sala entera empieza a corear el «sácalo», algo raro ocurre. Ya no es una canción. Es casi un ritual colectivo de expulsión. Un momento en que un grupo de desconocidos decide, juntos, soltar algo.
Eso lo saben hacer muy pocas canciones.
El linaje que hay detrás
Para entender a Vargas hay que entender de dónde viene. Nació en Madrid en 1955, pero su familia se trasladó a Argentina cuando él tenía seis años. Con diez años su padre le regaló su primera guitarra. Aprendió como autodidacta, empujado por el blues americano que llegaba desde el otro lado del océano. En los años 70 se marchó a Nashville y Los Ángeles, donde tocaba en clubes y trabajaba como músico de sesión, compartiendo escenario con gente como Alvin Lee, Roy Buchanan y Canned Heat.
Ese recorrido es el que se nota en cada nota. No es un guitarrista que estudió el blues en libros. Es alguien que lo mamó en garajes de Buenos Aires, en clubs de Tennessee, en carreteras americanas que ya no existen.
Y esa experiencia acumulada es la que le permitió coger una canción de John Lee Hooker y Santana, pasarla por el filtro del flamenco de Raimundo Amador, envolverla en la voz cubana de David Montes, y convertirla en algo completamente suyo. En algo completamente nuestro.
Lo que queda cuando la canción termina
Hay canciones que entran y salen. Y hay otras que dejan algo instalado. Chill Out (Sácalo) es de las segundas.
No hace falta entender de blues para que te llegue. No hace falta saber quién fue John Lee Hooker, ni lo que grabó Carlos Santana en San Francisco, ni qué hacía Raimundo Amador con una guitarra flamenca en un estudio de Madrid. Todo eso es interesante, claro. Pero lo que importa cuando suena la canción es otra cosa.
Es esa voz que te dice: suéltalo. Que ya anda sobrando.
La fusión de estilos a veces da resultados sorprendentes. Saludos